¡¡ Adopta un chorizo de Burgos !!

¡¡ Adopta un chorizo de Burgos !!

Por España, por Burgos, por las generaciones venideras, por nuestra propia dignidad, ¡adopta un chorizo! No lo abandones, él nunca lo haría. Y cada vez que te comas una lonchita mírala fijamente y pronuncia las sagradas palabras: "a ti no te voy a votar".

Lo que los españoles hacemos con los cerdos es lo que los japoneses realizan con las flores: puro arte; es nuestro ikebana porcino. Nadie ha superado nuestra habilidad para extraer de un gorrino obras maestras como la lengua embuchada, chicharrones, salchichas variadas, prodigiosos salchichones, lomo, orejita a la plancha, costillares, morcillas de Burgos, y otras dos mil variedades distintas de embutido sobre las que reina el todopoderoso jamón.
A ver, ¿cuándo fue la última vez que te comiste un par de chorizos a la cazuela? ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de unas buenas lonchitas? Ah, pero tú también eres una víctima del comer-sano, de las dietas milagro. No tomas chorizo y luego te extrañas de que los chorizos dejen de estar donde tienen que estar, en nuestra despensa, y se reciclen en el mundo político o financiero...
¡También los chorizos tienen que vivir! Recuerdo aquella gran frase de Gastón Segura en Stopper, cuando hablaba de las cazuelitas de  chorizos náufragos en un aceite milenario, todos esos chorizos de bar de carretera eternamente despreciados, que van blanqueándose lentamente al sol de nuestra indiferencia en lugar de alegrar nuestras entrañas.